ORIGEN DE LA
CASA:
Casa Pancho tiene más de
cien años de
historia. En sus orígenes
(hacia 1905) el núcleo central de la vivienda uno
lo constituyó un
pajero para animales, que se encontraba en
despoblado. La edificación consistía en una pieza, con
una puerta de
acceso para el ganado. Su
techumbre era de vigas de tea, cerrada por una
cubierta de teja,
probablemente “francesa”.
En los años treinta se
decide convertirla en vivienda para que Jorgina (Marrero) y Pancho
(Francisco Tejera) puedan casarse. La familia de Jorgina inicia el trabajo,
y se le anexan varios cuartos, alcanzando el tamaño de la actual vivienda
uno, más la habitación junto a la cocina de la vivienda dos. Este cuarto,
que todavía hoy conserva su suelo de cemento pulido, fue concebido como la
bodega de la casa, en la que se guardaban además del vino otros productos de
la tierra. Su acceso era exterior. Todavía en esa época la edificación
mantiene un tejado “a cuatro aguas”, de vigas de madera y teja cuyo
deterioro obligó a sustituirlo por
una cubierta de hierros y
bloques revestidos de cemento, tan característica del sur de Tenerife.
En los años cincuenta y
sesenta tras el regreso de Pancho de Venezuela, deciden “fabricar” para que
la edificación pueda albergar a sus hijas, Carmen y Jorgina, con sus
familias. Se construye la cocina y el actual baño de la vivienda dos;
también se ejecuta una nueva bodega, a la que se anexan el garaje y un
gallinero, con sus conejeras.
La construcción del resto
de la vivienda 2 (habitación y sala) se acaba en los años setenta. Ambas
viviendas se conectan por varias habitaciones interiores, formando la
estructura una única casa con sus servicios duplicados. Sobre el garaje se
fabrican también dos cuartos auxiliares. De esta forma queda rematada la
actual estructura del complejo.
Además contaba ya en los
años cincuenta con unas cuadras en las huertas inferiores, que albergaban
una vaca y un burro. También había un goro para los perros de caza, pues
Pancho era cazador, como la mayoría de los agricultores del entorno. No
faltó la típica cueva para guardar las papas.
Las huertas inferiores se
destinaban a productos para el consumo de la familia, básicamente verduras,
tubérculos, hierbas aromáticas y algunas flores. Los
árboles frutales eran los tradicionales del sur de Tenerife: higueras,
tuneras y almendros. Posteriormente se plantarían naranjeras, limoneros,
nectarinas, etc.
Las huertas superiores se
dedicaron a la vid y los cultivos para la venta. La charca se realizó en los
años setenta, y se asienta sobre una antigua era. Significaba la comodidad
para los trabajos agrícolas de la casa y también de otras huertas situadas
barranco abajo.
Con el fallecimiento de
Pancho en 1994 la casa deja de ser vivienda habitual, y las huertas se
abandonan. Ocasionalmente la familia acude algún fin de semana, cuidando
entonces la casa y las huertas. La falta de atención permanente unida a la
débil naturaleza de los materiales empleados, ocasionará que en 2004 algunas
techumbres y paredes evidencien un deterioro importante, que obliga a sus
herederos a replantearse el uso y propiedad del complejo.
LA REHABILITACIÓN:
La actual propietaria,
Mª Teresa Delgado, nieta de Pancho y Jorgina, (con el decidido apoyo de
su madre Carmen Tejera) asume la tarea de conservar el complejo, adoptando la
decisión de que el mismo debe contribuir a su autofinanciación. Descartado
su uso agrícola, se opta por la actividad de turismo rural, más compatible
con su actividad profesional.
Se inicia una fase de
estudio de la edificación, en Marzo de 2004. En 2005, se comienza el
proyecto de rehabilitación y los expedientes administrativos, finalizando en
Diciembre de 2006.
Todas estas instalaciones
también se han restaurado, conservándose la cueva para su uso tradicional,
las cuadras se han dispuesto como zona cubierta de barbacoa, y el goro de
los animales como aseo.
En la rehabilitación se
decidió independizar ambas viviendas para dar un mayor confort a los
huéspedes. No obstante se han mantenido los materiales de la zona: piedra,
bloques de canto amarillo para las paredes y madera en interiores y
exteriores. Así los patios se empedraron y nivelaron, convirtiéndose en
terrazas.
Las huertas inferiores se han dejado
dentro del complejo, conservan los almendros e higuera que tenían, y se les
han unido plantas de jardín para embellecerlas: jazmines, rosales, etc.